Traición a la Alta Costura, en diferido.

ignorant.

 

 

Ver los últimos desfiles desde la pantalla del ordenador no equivale en absoluto a presenciar el mismo evento en vivo y en directo. Música, luces, modelos y percepción 360º –si tu posición en el sitting te lo permite, claro está–. Un ambiente inigualable que te pierdes por no ser el agraciado poseedor de una invitación VIP, un pase de prensa o no tener un colega bien posicionado que te invite a los mejores saraos. ¿Y qué le vamos a hacer? Sin apellido de alta alcurnia, estatus profesional respetado, amigos enrollados o… ser un caradura en toda regla, no queda otro remedio que quedarse en pijama en el sofá, pues así es como te toca trabajar. Un crítico al estilo couch potato, estático, panzudo y sedentario. ¡Con razón uno se vuelve ácido! Sin la magia embriagadora del momento, no aseguraré una crítica más objetiva pero sí más intransigente y, como dicen últimamente los modernitos, más hater. Eso sí, a mí nadie me arrebata el glamour de la ocasión. Si tengo que ver los desfiles en diferido y en pijama, bien contento me casco unos tacones y me sirvo un copazo para disfrutar de la velada. ¡Y todo sin salir de casa!

 

Más low cost no puede ser la escena que os acabo de montar. Me serviré otra copa, que hoy toca revisar las colecciones de Alta Costura. Couture! La palabra, dicha en su francés más intrínseco, suena de por sí a la antítesis de lo barato. “Si hay algo que nos guía esperanzadamente a la Alta Costura, eso es sin duda el deseo de encontrar algo que admirar”, reflexionaba Sarah Mower en su último artículo para Vogue Runway. Y es que la Alta Costura tiene la capacidad dual de hacerte sentir en el inframundo del poder adquisitivo y en el cielo maravillado del buen hacer, la belleza y la magia de la moda. A Maria Grazia Chiuri se le llenaba la boca susurrando a la señora Mower un “oh, esto es lo bueno de la Alta Costura. Todo lleva su tiempo. No se puede acelerar. Es un buen momento para pensar”. ¡No te jode! Pero yo tengo que sacar adelante esta crítica robándole tiempo al tiempo. Otra copa, a ver si me inspiro. Seguro que las Couturistas están todo el día tomando champán del bueno, así que yo me apunto. ¿No habíamos dicho que los no-pudientes necesitamos la Alta Costura para encontrar algo que admirar? ¡Admiremos la vida de aquellas agraciadas con el disfrute de la moda en su estado más elevado! Glamug, Cutug! A la tercera o cuarta copa, la dosis de Ohte Cutug vista desde el sofá le hace a uno creerse frangsés. Cuidadín que no me plante un vestidazo hecho con la manta del IKEA en un pispás. El que avisa no es traidor.

 

Pero la Alta Costura ya no es lo que era. En el mejor y en el peor de los sentidos. Si de traiciones hablamos, varias pueden haber sido las acaecidas en los últimos años. La más notable de todas ha tenido, sin embargo, resultados de lo más refrescantes. Los vestidos de alfombra roja con volúmenes embelesadores y bordados asombrosos han dejado un hueco merecido a un registro más diurno, menos de gala, más ‘real’. Pantalones, blusas de apariencia desenfadada, abrigos y chaquetas masculinas e, incluso, algún cameo de deportivas entre tanto refinamiento. Mucho de esto se lo debemos a Raf Simons, que reconstruyó Dior de pies a cabeza tras el ‘Escándalo Galliano’. Pero ahora ellos no vienen a cuento. Raf saltó el charco para hacer maravillas en CALVINKLEIN [incluso jugando a ser couturier en las Américas con el proyecto Calvin Klein By Appointment]. John Galliano, por su parte, está muy ocupado haciendo de las suyas en Maison Margiela [que, como podéis observar, perdió el ‘Martin’ intermedio y, con él, se esfumó toda la esencia de la marca]. Y, con todo el respeto al iser, correremos un (es)túpido velo sobre la soporífera maison Chanel, que lleva haciendo lo mismo desde hace siglos. Son Valentino y Givenchy quienes merecen nuestra total atención; y sus flamantes nuevos líderes de navío, responsables del éxito de su renovado registro couture.

 

Pierpaolo Piccioli es digno de mención honorífica, de premio summa cum laude, ¡de ser bañado en oro y expuesto para la admiración colectiva! Desde que Maria Grazia Chiuri abandonó el tándem creativo que conformaban al frente de Valentino, el señor Piccioli está dando el do de pecho colección tras colección. Y cometiendo traición tras traición, pero de las buenas. El romano ha conseguido hacer y deshacer a su antojo, buceando en los archivos a la par que enfoca el espíritu de la casa hacia un público joven y sediento de iconos. En definitiva, Pierpaolo está bordando su propia historia. La colección de Alta Costura para Primavera 2018 presentada recientemente en París no fue sino un nuevo ejercicio de excelencia creativa. ¡Semejantes sombreros de plumas auguraban, desde la primera salida, algo verdaderamente exquisito! Y así fue. Inteligente, el director creativo no olvidó vestidos que asegurasen la venta y los suspiros de las clientas más tradicionales; pero tampoco desaprovechó la oportunidad de transgredir con looks de oficina, tops de aire deportivo, pantalones y gabardinas. Todos ellos, eso sí, con hechuras impecables. Por no hablar de una magnífica paleta cromática que a otros muchos creadores inspiraría un vértigo atroz. Bravissimo!

 

Pocos y neutros fueron los colores en Dior. Pobres e insulsas, sus propuestas. De no ser por un plan de comunicación bien armado, una inspiración interesante y unos accesorios diseñados por Stephen Jones, el trabajo de Maria Grazia Chiuri hubiera quedado relegado a los últimos puestos del ranking. Si bien es cierto que los trabajos de patronaje y bordado serán exquisitos, no resulta suficiente con unos antecedentes como los mencionados en párrafos anteriores. Galliano fue exceso, creatividad torrencial, dramatismo y absoluta teatralidad. Marcó una era en la maison Christian Dior, un listón muy alto que nunca se pensó superable. Y, en cambio, apareció en escena Raf Simons, ‘el Minimalista’ venido de Jil Sander cuyo trabajo conceptual rompió esquemas y definió un nuevo capítulo en Dior, en su prêt-à-porter y, a lo que hemos venido aquí, en su Haute Couture. ¡Grande Raf Simons! Si volvemos a pensar en la traición, salvamos a la señora Chiuri por su respeto a los archivos originales; pero la culpamos de haber obviado el legado de sus predecesores inmediatos.

 

Estar a la altura de las circunstancias no debe ser fácil, nadie lo niega. Las mismas dudas sobre la valía de Maria Grazia sobrevolaron las dotes creativas de Clare Waight Keller, nueva mente pensante de Givenchy. Su antecesor, Riccardo Tisci, proyectaba una gran sombra tras haberse convertido en el máximo representante de la marca desde 2005 hasta 2017. Una no muy aplaudida colección para Primavera 2018 hizo pulular dudas sobre las capacidades de la nueva directora creativa, pero Clare supo acallar voces con su colección de Alta Costura para la misma temporada. Chaquetas impecables, vestidos delicados y arrebatadores, patrones precisos y ¡gabardinas de látex! Una mujer, como Maria Grazia, liderando una casa tradicionalmente dirigida por hombres. Una mujer que encarna, en colectividad, un movimiento que copa titulares, protestas y nuevas ideologías en nuestros días. Una costura inteligente que demuestra, en palabras de Sarah Mower de Vogue Runway, “un equilibrio empático entre auto-protección y auto-proyección”.

 

C’est ça, c’est la Couture! Así es la Alta Costura, una coraza donde refugiarse y un espejo con el que mostrarse. En definitiva, y para los que puedan, una herramienta de expresión única e inigualable. Y, por supuesto, un motor del cambio responsable, en parte, del mensaje de la sociedad de cada momento. La imagen va más allá del materialismo, es un lenguaje evolutivo, de protesta y de auto-conocimiento. No sólo de admiración se vive y hasta los más plebeyos podemos tomar ejemplo. Venga, última copa y me aplico el cuento.

 

 

Texto: ignorant / Ilustración: Martin de Bruin

 


ignorant.

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Comentarista deslenguado, observador del fashion system como entorno convulso, perplejo y excitante. Palabras plebeyas que anhelan verdad en una jaula de grillos. Grillos en tacones, ruidosos, ignorantes, divinos.