Sexcess!

ignorant.

 

Anna Dello Russo bien podría ser considerada el epítome del sexy y el exceso en la década del 2010. A un par de años de rematar esta década que vivimos, el ciclo ya empieza a evidenciar sed de cambio. La época ha estado marcada por un furor inusitado por la gente de la calle, eso que llaman ‘street style’. Incluso las hordas de miradas curiosas, siempre con el objetivo de sus cámaras réflex haciendo de filtro entre cazador y presa, fueron objeto de atención, admiración y estudio. Suzy Menkes, respetada crítica de moda, ya reflexionaba de una manera muy interesante –sin dejar de meter el dedo en la llaga de unos cuantos– sobre la obsesión casi enfermiza por los “pavos reales”. Personas anónimas o estrellas encumbradas por el propio fenómeno streetstyler se pavoneaban a la salida de los desfiles de las principales Semanas de la Moda. En ‘The Circus of Fashion’, la periodista recordaba que “antaño fuimos descritos como ‘cuervos negros’ – nosotros, la gente del sector que nos reuníamos frente a algún edificio abandonado del downtown uniformados en Comme des Garçons o Yohji Yamamoto. ‘¿De quién es el funeral?’, murmuraban los paseantes con una curiosidad entre silenciosa y macabra mientras hacíamos cola para los desfiles más underground y deseados de los noventas”.

 

Lo sexy parecía reservado –y denostado, por la inevitable evolución de las tendencias– para marcas que no supieron superar el boom de la ropa con poca tela que definió los Aughts [2000s]. ¿Quién no recuerda la fiebre por los pantalones que hicieron de la distancia ombligo-chichi una ruta kilométrica y desnuda? Tal y como la Teoría del Péndulo sugiere, la década del 2010 ha estado marcada por un estilo que parece sacado de aquellos tiempos que Suzy Menkes recordaba en su artículo: los 90s. Mucho tejido, abrigos de paño, layering y raya diplomática. Bambas blancas, raya al medio en melenaza desenfadada, vaqueros de antigua y camisetas de algodón sin gota de strass. Se podría decir que el patrón de estética femenina protagonista de la segunda década del Nuevo Milenio ha sido moldeado por el conceptualismo, el diseño nórdico, bastante vintage de Hermès, ‘Salvados por la campana’, algunos retazos de estética asiática y… ¡Phoebe Philo! Ella, que se entregó al sexy en Chloé allá por los dos miles, lo dejó todo para ser madre y volvió a escena como la mujer madura que definiría una nueva era en la casa Céline, como ya comentamos en ‘episodios ignorantes anteriores’.

 

Anna Dello Russo viste en algunas ocasiones de Céline, pero a su manera. Diríamos que nada en su guardarropa podría resultar digno del imaginario de la Señora Philo; pero un encuentro azaroso en internet aviva nuestras incógnitas. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Son pocos los documentos gráficos que circulan por la red sobre el pasado avant-excès de la estilista. Cuando la ciencia del street style nos había convencido de que todo en ella era exceso, poca ropa, sexiness y taconazos… nos topamos con un par de fotos de archivo en las que ¡¡no parece ni ella!! Helmut Newton capturó en 1996 a una Anna fumadora, pensativa o quizá con ánimo alicaído, envuelta en un larguísimo abrigo de paño, zapato plano… ¿muy de ahora, cierto? Está claro, aquella mujer apesadumbrada necesitaba una fashion shower. Y así fue, Dello Russo sintió la llamada. ¡Ella quería más! ¡Necesitaba más! ¡Sexo y exceso! SEXCESS! Y, aunque en los últimos tiempos parezca más sosegada, su buena semilla sembró en las nuevas camadas. Una musa como lienzo en blanco, atrevida y deseada. La carne fresca del sistema moda, quién sabe si de manera autónoma, por ciencia infusa o inspiración deliberada, se está subiendo al carro de lo sensual, lo sexual, algo incipiente, ¡caliente! ¡Lxs jóvenes diseñadorxs quieren que sus mujeres encarnen un nuevo sexy!

 

Mucha gente no tendrá ni idea de quién es Anthony Vaccarello, pero Anna Dello Russo supo ponerle en su radar a tiempo. Certera e infalible, como acostumbra la editora de moda, vistió en numerosas ocasiones la micro-provocación –por la talla, los visto-no visto y el largo de sus faldas– a la que el diseñador belga nos tenía acostumbrados antes de echar el cierre a su propia marca. Muchos no sabrán quién es Anthony Vaccarello incluso a día de hoy, incluso cuando el motivo del citado cierre fue su reciente nombramiento como líder del barco titánico llamado Yves Saint Laurent (o Saint Laurent a secas, por obra y ¿gracia? de Hedi Slimane). ¿Ahora empieza a interesarnos un poco más, verdad? Pues sí, señoras y señores, el joven diseñador está bordando sus primeros pinitos en la maison francesa. Atrás quedaron las rockeras de Los Ángeles a lo Courtney [Love] trasnochada que tanto le gustaban al Señor Slimane, quien dirigió la marca de 2012 a 2016. Algo faltaba en una casa creada por un hombre que puso a Laetitia Casta a desfilar cual Eva en el Edén o, me atrevo, cual púber centáuride en ‘Fantasía’ (Disney, 1940). Un hombre que definió el sexy del modo más inesperado y certero: una mujer con traje sastre. Un hombre, Monsieur Yves Saint Laurent, cuya aportación al armario femenino del último siglo es digna de alabanza.

 

Otro que, en menor espacio-tiempo pero con una fuerza apabullante, está marcando el momento es Simon Porte Jacquemus. A pesar de su eclecticismo curioso, que podría ser consecuencia de la precocidad creativa y empresarial y de una mágica búsqueda de identidad en pleno desarrollo, el documentalista Loïc Prigent no duda en destacar que “sus prendas son sexis de un modo en el que ninguna otra marca avant-garde lo es; nunca es tirado, nunca es demasiado”. Su colección para Primavera/Verano 2018 ahonda en el sexy más literal de un modo fresco, nuevo y arrollador. El ojo entrenado de Sarah Mower, de Vogue Runway, supo verlo enseguida: “Porte Jacquemus se siente totalmente cómodo diseñando para el tipo de clima en el que a las mujeres les va de maravilla no vestir demasiado”.

 

Lo sexy estaba polvoriento. Mucho Versace, mucho Cavalli, mucho Pucci, mucho Gucci. Hace un suspiro, todas ellas nos sabían a hortera de bolera, a sexy barato. ¡Pero, ojo! Pensad en cada una de esas marcas ahora. La vuelta de un aire de sexualidad se ha entremezclado con frescura, juventud y nuevas mentes pensantes con resultados sublimes. Ninguna de ellas se quedó atrás en la jugada. O quizá sí, esperando a una nueva hornada de estética sexualizada. Todas ellas son casas de moda de renombre y su máxima es, tarde o temprano, ser el símbolo de su tiempo. Cada uno elige qué o quién ser en la cama. Unos se dejan hacer; otros mandan. Sexo y exceso, ¡prendamos las sábanas!

 

 

 

Texto: ignorant. / Ilustración: Ignacio Lobera

 


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Comentarista deslenguado, observador del fashion system como entorno convulso, perplejo y excitante. Palabras plebeyas que anhelan verdad en una jaula de grillos. Grillos en tacones, ruidosos, ignorantes, divinos.