“No me quiero comparar con gente que lo haya pasado mal, porque a todas las chicas que conozco le ha pasado, incluso a ti.”

Opinión

 

A estas alturas de la película considero que no debería estar escribiendo sobre esto, ya que opino que este debate no debería ser cuestionado, discutido o atacado. Debería ser ya una realidad social con la que todos y todas tendríamos que estar de acuerdo. El caso es que hace unas horas, una mujer, como yo, me decía: “No me quiero comparar con gente que lo haya pasado mal, porque a todas las chicas que conozco le ha pasado, incluso a ti.” Es cierto, incluso a mí.

 

El mes pasado, Caimán Cuadernos de Cine dedicaba su número 60 a las mujeres del cine, bajo el lema: “Ellas filman. Nosotros escribimos” y esto me viene al pelo para hablar de lo que quiero hablar hoy. En la sección “Gran Angular” de dicha revista, hacían un repaso de las mujeres directoras del siglo XXI listando a, nada más y nada menos, que cincuenta mujeres dedicadas al espinoso y masculinizado mundo del cine. En esta lista figuraban nombres como Rita Azevedo (A Vingança de Uma Mulher, 2012), Andrea Arnold (Fish Tank, 2009), Isa Campo (La Próxima Piel, 2016), Marina De Van (Dans ma peau, 2002), Jessica Hausner (Amour Fou, 2014) , Lena Dunham, directora y protagonista de Girls, y Sofia Coppola, directora de títulos centrados en el vacío, la soledad, el hedonismo y la frivolidad (para muestra tenemos dos grandes títulos: The Virgin Suicides del 1999 y Lost in Translation del 2003). Vaya, nada más y nada menos que cincuenta mujeres trabajando actualmente en la tarea de dirección cinematográfica, menudo “lograzo”.

 

 

Hay que poner atención a los porcentajes de académicos que Caimán, muy amablemente, nos facilita en este número. Sólo por poner ejemplos, daré datos (avalados por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España). En dirección, donde nos encontramos ese “lograzo” que antes citaba, podemos hablar de un porcentaje de 13’90% de mujeres, comparado con un 86’10% de hombres; por otro lado, el porcentaje de mujeres que se dedican a la animación es de 20’60%, mientras que un 79’40% lo ocupan los hombres. Sólo en diseño de vestuario encontramos un porcentaje mayor de mujeres con un 66’70%, mientras que los hombres ocupan un 33’30%, pero la cifra se torna en desconsuelo en las áreas de dirección de fotografía y en la de efectos especiales con una ocupación del 100% masculina en ambos casos. ¿Creemos en las casualidades?

 

En el caso del cine español, se puede hablar del papel  reivindicativo de algunas mujeres cineastas como  Carla Simón, Roser Aguilar, Juana Macías, Mar Coll o Elena Trapé. Son mujeres que se muestran al margen de cualquier victimismo, que hacen un cine arraigado en las raíces, sin complejos y que defienden la rotura de todo tipo de clichés estando al margen de cualquier estereotipo. Son obras que se desenvuelven como liberación personal y que se posicionan en un angular nuevo, un lugar desde el que se proclaman como mujeres, pero también como cineastas. Ejemplo de ello es Verano 1993, de Carla Simón, un ejemplo de historia de adaptación y de vuelta a la infancia.

 

 

Asimismo, nos encontramos con un importante conjunto de cineastas que experimentan con lo que podemos llamar “documental creativo”, es decir, el funcionamiento de los mecanismos de la representación de lo “real”. Esta relación con la realidad busca siempre una óptica crítica, sin renunciar a la poética o al estilo personal. Ejemplo de esta representación de lo real, son creadoras como Mia de Ribot, Carla Subirrana, Ana Pérez o Leire Apellaniz.

 

Así pues, hay que dejar claro de qué hablamos, cuando hablamos de cine. El cine es un centro de poder, no sólo ideológico sino económico y, por norma general ,cuanto más nos acercamos al poder, más nos acercamos a la masculinización del mismo. Y es que, es una realidad que el estigma reflejado en la industria del cine, no es más que el espejo de lo que ocurre en el día a día de la sociedad contemporánea.

 

Volviendo al principio de mis palabras, tenía razón esa mujer, a todas nos ha pasado. Desde el principio de los tiempos, nos hemos encontrado ante actos deliberados de machismo patrocinados por el odio. Generalizar siempre me ha parecido un error y no caeré en la generalización, por mucho que algo no me parezca bien. Como ya he dicho, la generalización es odio y odiar es un error. No señalaré con mi dedo acusador a gente que no merece ser señalada. Lo que debemos buscar entre todos, es trabajo en equipo y que, tanto hombres como mujeres, rememos juntos hacia un camino en el que las mujeres participen activamente, ya no sólo en el mundo y terreno de lo audiovisual, sino en todos los ámbitos laborales.

 

Hagamos cine, escribamos y enseñemos que no odiamos, que sólo reclamamos el respeto que es nuestro.

 

-Texto: Carla Serrano/ Imágenes: Caimán Cuadernos de Cine, Pinterest


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