¡No desplumen a Miuccia Prada!

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Dicen que Ferragamo va fatal, que Tod’s va fatal… pero, mira, que digan que Prada va fatal… ¡me repatea! Según BoF, “las participaciones [en dichas empresas] han descendido notablemente en los seis últimos meses a medida que los beneficios caían”. Inversores desconsolados porque las mochilas de nylon ya no se venden como churros. Directores que se confiesan apesadumbrados por una supuesta falta de sneakers en tienda, ese previsible reclamo comercial para millenialsiugh, con la palabrita…– y, en general, para una sociedad mimada y acomodada. El mismísimo marido de la señora Prada, Patrizio Bertelli, comentó a BoF sus “planes de destinar más inversión a la comunicación digital, aumentar la oferta online y expandir su e-commerce a más mercados, incluyendo China”. Por lo visto, también según las palabras del chief executive al reconocido medio, “la marca empezará a ofrecer más deportivas”.

Francamente, una afirmación como esta última roza el ridículo en boca de un director ejecutivo. “Ofreceremos más deportivas” hace de Prada un “mercadillo de moda” en manos de unos consumidores asesinos. Fácil reacción, rozando la obviedad. Del mismo modo que la accesibilidad a los mercados asiáticos, uno de los actuales protagonistas del caramelo del deseo que son esos llamados prosumers. ¿Por qué nadie se pispó a tiempo? Fantaseo con mensajes ocultos. Aquella camisa masculina ideada por el artista Christophe Chemin para la colección del Otoño/Invierno 2016 podría ser una representación artística de las trifulcas en el despacho de Miuccia Prada. Batallas incendiarias sobre el rumbo de la casa italiana, sobre qué, quién, cómo y cuándo. A la directora creativa no le gustan los dictámenes de lo mainstream. Ella disfruta con el feísmo, siempre lo ha dicho, y era obvio que no iba a caer en las redes del “culo veo, culo quiero”. Ella no, pero la compañía sí. Las cifras ganan la batalla. Los números, oh triste capitalismo, mandan y un imperio no puede derrumbarse como si nada. No sin luchar contra otros conglomerados del lujo y la moda en una batalla silenciosa, pero encarnizada. Las cifras mandan. Y más aún si atesoras fundaciones con edificios dorados y una historia enriquecida con premios, loas y magníficas críticas pasadas.

Un repunte de las ventas tranquilizaría a los demandantes accionistas. También reactivaría a las boutiques, que ahora observan tristes a sus dependientes, lidiando con el tedio y con la ausencia de hordas asiáticas a la caza del último grito –ya sea bolso it, camiseta must u, ¡oh, sí!, la sneaker hit de la temporada–. Borraría de un plumazo todas esas etiquetas sanguinarias. Aunque parece que, hablando de plumas, es lo único en lo que los dependientes piensan: quitarse el plumero de las manos a golpe de hashtag que genere deseo.

Las baldas y escaparates ya no amenazarán con lucir polvorientos, vetustos, abandonados. Eso sí, en Prada el polvo no se limpia con cualquier cosa. De eso ya se encarga Miuccia, que confiesa, férrea, “no quiero ser juzgada por las ventas. Mi vida es mucho más importante, no pienso en ello”. Desafiante. ¿Que no se vende? ¡Pues toma plumas, toma exceso! Si no se las llevan los clientes, que al menos sirvan de plumero. La colección para Primavera/Verano 2017 abrió la veda. Plumas de avestruz o marabú en puños de camisas de organza, contorneando faldas cruzadas, decorando bandoleras y chanclas. El aire techy de aquella colección, llena también de cinturones jelly, prints psicodélicos y sandalias de molde, supo a puro retro-futuro. Una idea con la que la señora Prada siempre coquetea. Aunque, para flirteo máximo, ¡ella y las plumas! La colección para el Otoño/Invierno 2017 aumentó su frondosidad en bajos de faldas, capuchas y sandalias de tacón. Y el primer Resort “emancipado” de la casa italiana, para el 2018, jugó a ser Tigrilla en El País de Nunca Jamás.

Las plumas parecen el detalle del momento. Cómo no, todos se han subido al carro, #culoveoculoquiero. Desde hace unos meses, seas plebeyo, premium o luxurious, no eres nadie si no tienes alguna pieza emplumada en tus colecciones. Vuelvo atrás en mis pensamientos: ¿de veras que Prada va fatal? ¡Anda ya! El poder de Miuccia y sus equipos creativos sigue siendo brutal, voraz, brillante. De ellos dependen y en ellos confían fabricantes, coloristas, estilistas, consultores y un sinfín de otros profesionales y creadores. La señora Prada tiene un poder desmesurado, hasta ha conversado “fantasiosamente” con la mismísima Elsa Schiaparelli. Pero, con tanta pluma y tanto de todo, últimamente no dejo de asociarla con otra mujer poderosa, valiente y, sin duda alguna, tremendamente independiente: Julia Child. No soy un teórico gastronómico ni un pensador sociológico, pero me basta con ver a Meryl Streep –¡cómo me gusta citar a esta mujer!– encarnando a la célebre cocinera en “Julie & Julia” para saber que Miuccia y ella podrían ser del mismo club. Rompedoras, inspiradoras, retadoras. Mujeres que luchan contra los dictámenes de su tiempo. Seguramente, mujeres que capean temporales de entredicho y mofa. Mujeres que superan críticas y, también, reciben grandes loas. Mujeres que se atreven a desplumar un faisán, rellenarlo de magia y lograr que, al final de la historia, lo único que resuene en las cabezas del público, sepan o no de la existencia de semejantes prescriptoras, sea un sonoro “Bon Appétit!”.

Lo dicho: que Prada no va fatal. Que lo digo yo, impepinable. Da igual si es con vuelo ligero o con nave espacial, la casa italiana siempre sobrevolará el fashion system desde su perspectiva sideral.

 


-Texto: ignorant. / Ilustración: David Kohlver


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Comentarista deslenguado, observador del fashion system como entorno convulso, perplejo y excitante. Palabras plebeyas que anhelan verdad en una jaula de grillos. Grillos en tacones, ruidosos, ignorantes, divinos.