Deslumbraron en los 90 y se han digitalizado en la segunda década de los 2000

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Parece ser que el rol de las modelos está cambiando, centrándose prácticamente en su influencia basado en el número followers

 Actualmente vemos como cada vez más, se contratan a modelos con objetivos mutuos y afines a las firmas de moda. Debido a la sobrevaloración que se le da hoy en día a los seguidores en las redes sociales y a la repercusión que esto supone, nos olvidamos del verdadero papel de las modelos: dar sentido, vida y alegría a las colecciones.

Entusiasmo, espontaneidad y muchas miradas cómplices. Esto es lo que nos tenían acostumbrados a ver sobre las pasarelas. Echando la vista atrás vemos cómo los diseñadores han ido cambiando la manera de elegir a sus modelos y musas. En un primer momento este papel lo desempeñaban personas cercanas al diseñador. Personas que mostraban, lucían y vestían sus creaciones. Más tarde, fueron surgiendo otras formas de entender e interpretar a estas grandes y talentosas mujeres.

Nacieron así la conocidas “top models” de los 90. Cindy Crawford, Claudia Schiffer, Linda Evangelista, Kate Moss, Elle Macpherson, Stephanie Seymour y Naomi Campbell repletas de gracia y talento, se encontraban en el lugar y momento oportuno para brillar.

 

 

Las llamadas supermodelos eran buscadas por las firmas, llegando a competir por contar con algunas de ellas entre su abanico de posibilidades sobre la pasarela. Diríamos pues, que estas mujeres darían prestigio, elegancia y ese toque de distinción a la colección y en definitiva, a la firma.

 

Desfilaban decididas, con la cabeza bien alta y centradas en su objetivo: deslumbrar por cómo eran y por quiénes eran.

Se acabaron los 90 y con ellos el legado de las tops, el cual les pertenecería eternamente. Es como si se hubiera establecido cerrar este circulo. Y cerrarlo con estas grandes mujeres para tenerlas por siempre reconocidas como lo que fueron: increíbles. Entonces los diseñadores comenzaron a trabajar con otro ideal de mujer y de belleza. Pretendían reflejar más las colecciones y darle un mayor protagonismo a estas.

Las pasarelas se convirtieron en sitios más formales, impersonales y más tristes. La forma de mostrar y lucir las colecciones se cambió. No querían que desviáramos la mirada a las modelos. Así, empezamos a echar de menos el espectáculo.

Ahora, y en pleno auge de la segunda década del Siglo XXI, los diseñadores parecen querer volver a las grandes puestas en escena en sus desfiles. Kendal Jenner, Gigi Hadid o Bella Hadid podrían suponer ahora lo que fueron las tops de los 90. Eso sí, bien adaptadas a la revolución tecnológica.

 

Analizando la situación, son cuantiosos los desfiles protagonizados por estas modelos y más abundantes son los comentarios que se les hacen a los diseñadores por ello. Cada vez más se comenta el hecho de estas apariciones que la propia colección en sí.

Claro está que el mundo ha cambiado y por ello debemos adaptarnos a él y evolucionar. Pero, ¿hasta que punto la repercusión de las modelos es más considerable que el de las colecciones?

No quiero con esto decir que me disguste la forma que han adquirido las pasarelas. Solo que, de vez en cuando, se echa de menos ese estupendo toque de gracia y dulzura que tan buen sabor de boca nos dejaba.

Ver desfiles pasados. Ojear una revista antigua. Visitar los perfiles de aquellas grandes supermodelos. Gracias a los 90 y a sus inconformistas y alocados años.


Fuentes: propias / Texto: Javier H. Antolín


Javier Antolin

Javier Antolin

VERRE MAGAZINE: redacción, estilismo.
https://javierrantolin.wordpress.com/